Los primeros años de la década del 60 se caracterizaron por el fútbol defensivo y la especulación. Pero apareció Juan José Pizzuti, quien había sido un jugador con enorme despliegue, capacidad técnica y una formidable pegada en Banfield, River, Racing, Boca y la Selección y cambió la historia: propuso un juego de gran dinámica, sin posiciones fijas, con jugadores en constante movimiento, como un anticipo del fútbol total, que años después impondría Holanda. Pizzuti inició su carrera como técnico con un fugaz paso por Chacarita. Con Racing en el último puesto y luego de que varios colegas rechazaron el ofrecimiento, a mediados de setiembre de 1965 se hizo cargo del equipo. Debutó el 19 de ese mes ganándole a River, puntero del campeonato, por 3-1 (dos goles de J. J. Rodríguez y Castillo; y Luis Artime para el perdedor) e inició una racha histórica. Al final del torneo, tras 14 fechas invicto, Racing ocupó el quinto lugar.
Al año siguiente, introdujo algunas variantes: lo ubicó a Roberto Perfumo como primer marcador central, a Alfio Basile, quien era volante, como segundo zaguero, y a Rubén Panadero Díaz, 6 en la Tercera, de marcador de punta. Con varios refuerzos (Antonino Spilinga; Mori, en trueque con Independiente por el pase de Pastoriza; Joao Cardoso y desde Banfield llegaron Norberto Raffo y Jaime Donald Martinoli), el equipo se consolidó cuando regresó desde Italia Humberto Dionisio Maschio, un jugador de enorme talento, goleador del Sudamericano de 1957. Se ubicó como volante creativo y se convirtió en la figura del equipo. Era quien ponía la pausa justa para darle equilibrio a tanto vértigo. Con un fútbol audaz y ofensivo, Racing ganó la primera rueda con 32 puntos, uno más que River. Finalmente se consagró campeón con 61 puntos, 5 más que River, con 38 partidos jugados, 24 ganados, 13 empates y la formidable marca de un sólo encuentro perdido, con River 2-0, en la 26, fecha, el día que finalizó la excepcional serie de 39 partidos invictos, una marca que perduró casi 33 años, cuando la quebró el Boca de Bianchi.
Pero El Equipo de José, como lo inmortalizó su hinchada, quería tener patente internacional. En 1967 se lanzó a la conquista de la Copa Libertadores. En un viaje aéreo en Colombia, yendo a Medellín, el avión estuvo a punto de caer. Fue milagrosa la llegada al aeropuerto donde 32 años antes había encontrado la muerte Carlos Gardel. “Si nos salvamos de ésta, somos campeones de América y del Mundo”, fue la reflexión de la mayoría del plantel. Primero dejó atrás a River, a los colombianos Independiente Santa Fe e Independiente Medellín y a los bolivianos Bolívar y 31 de Octubre. En semifinales, además de River y Colo Colo, le tocó un durísimo rival: Universitario de Lima, Perú. Tuvo que ir a un desempate en Chile. En el Estadio Nacional de Santiago le ganó 2-1, con dos goles de Raffo. Su último adversario en la final fue Nacional de Montevideo. Empataron en Avellaneda y en la capital uruguaya 0-0 y debieron viajar nuevamente a Santiago de Chile. En la final, con goles de Raffo y el brasileño Joao Cardoso ganó 2-1 e inscribió su nombre en la Copa Libertadores.
“¡Dale, dale ahora”, le gritó el Bocha Maschio desde la izquierda, cuando intuyó la vacilación del delantero a 35 metros del arco, aquella tarde, el 4 de noviembre de 1967, en el mítico estadio Centenario de Montevideo. El santiagueño Juan Carlos Cárdenas había recibido la pelota de Rulli y arrancó en diagonal para la izquierda, mientras los escoceses retrocedían y vigilaban el posible pase a Maschio o a Raffo. Pero al Chango lo animó el grito de Maschio y pateó. La pelota voló y se clavó en el ángulo del sorprendido arquero Fallon. Los cinco mil argentinos que viajaron a Montevideo iniciaron el festejo, mientras el resto enmudecía. Los uruguayos se habían volcado en favor del Celtic. Cárdenas siguió su carrera y terminó colgado de Pizzuti, el mentor de aquel equipo.
Fue el momento mágico. Racing derrotaba al Celtic, campeón de Europa, en la tercera confrontación: en la primera, en Glasgow, ganó Celtic 1-0 (gol de McNeil); en la revancha, en Avellaneda, venció Racing 2-1, con goles de Raffo y Cárdenas y Gemmell para el Celtic. Culminaba con un título mundial, el primero de un club argentino, el equipo que fue sensación por el fútbol total que practicó durante esos años dorados.
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